¡¡Aupa chavalería!! Voy a hacer caso a César y vamos allá que he pillado carrerilla. Ahora van todas seguidas como el pasodoble. Me doy ahora cuenta, ¡qué mes de abril más productivo! Esta entrada he dudado si titularla "Pesca a contrarreloj", pero como luego veréis "la imagen" es mucho más representativa, ¡jeje!
Para la ocasión quedé con el capitán Mane. Teníamos una mar muy, muy justita con una pleamar mediana sobre media mañana. Decidimos madrugar y jugarnos las bazas al romper el alba, ya que según las predicciones venía un día con sol de justicia y la mar a menos.
Elegimos un pesquero que teníamos en el punto de mira. Una vez sobre el cantil vimos que había dos txokos con algo de color para calar y el frente que se quedaba como un caldero. Ya se sabe, cuando tienes algo en cabeza dando vueltas, es complicado cambiar de idea, así que para abajo como tiros.
Fue posar bártulos, macizar y armar a contrarreloj para aprovechar al máximo la escasez de luz. Corchos al agua y ya estaban allí los sargos. Nos mirábamos asustados, ya que era inexplicable cómo eran capaces de comer tan activos en esas condiciones. Picaban mal, sin tragar, y como es lógico perdimos pescado desanzuelado.
En un visto y no visto el pozo se llenó de glotones. Amaneció ya, y seguido los primeros rayos de sol, y como era evidente el pescado dejó de comer. Afinamos todo lo que pudimos pero ya era impensable sacar pez alguno con esta técnica.
La mar se fue quedando hasta el punto de la imagen, la belleza de la calma. Por ahí andaban todavía los mubles a lo suyo.
Momento de adecentar las capturas y del oportuno retrato a la sombra. Lorenzo ya apretaba así que era momento de atender otras necesidades. A las 10:00 am estábamos en el coche con buena sudada dirección a un abrevadero, que también teníamos entre ceja y ceja, ¡jeje! Fuimos donde Mari quien no se negó a saciar nuestra hambre y sed con unas viandas que muchos reyes quisieran.
Ésta es la foto que da título a la jornada. No he visto a ninguno de mis sobrinos tan feliz al abrir un presente, ¡jajaja! Huevos con chorizo, todo casero y autóctono, y la tradicional botella de saco que las abuelas guardaban para las ocasiones especiales, ¡qué grandes!
De postre queso encartado y dulce de membrillo casero. Estábamos en racha. Felicidad y satisfacción total. Salivo y me relamo mientras brotan estas líneas.
Y de remate, ¡gol por la escuadra! ¡Claaaaaro queeerido! Ni en el mejor de nuestros planes estaba una jornada tan redonda, que disfruté en su día y ahora mientras la narro. Ramontxu, antes de que nos digas nada que tú te fijas en todo, el tercer txupito fue que se equivocó, pero ya que estaba puesto... ¡Jajaja! Y como estaba todo cronometrado, acabamos de almorzar para las doce, así que era la hora perfecta para tomar unos potes, ¡jajajajaja!
Comentar que éste fue mi último hamaiketako donde Mari porque poco después se jubiló y cerró el bar. Una gran pena y fastidio que se pierdan estos chigres autóctonos de los que ya ni quedan. Como contraprestación el descanso y bienestar de Mari, quien se lo tiene bien ganado.
En breve seguiré con más correrías pero ya del mes de mayo. ¡Hasta pronto pecadores!


































