¡¡¡Hola de nuevo sufridores, que ya era hora!!! Mi ausencia de publicaciones y apariciones blogueras durante este prolongado periodo no tiene justificación alguna y asumo todas las broncas que me echéis, ¡jeje! No es que uno tenga obligación de dar explicaciones pero tras tan largo periodo surge como la necesidad de hacerlo. No hay un motivo de calado ni nada grave. Por mi parte todo está en orden, casi controlado. En cuadrilla, o en solitario las menos veces, hemos seguido con la rutina de salidas pesquiles con relativa frecuencia y los resultados de algunas habéis podido ver de la mano de Ramontxu. La cuestión es que he continuado acumulando material gráfico, que no quisiera que se me quedara en el disco duro. Además de que en muchas ocasiones recurrimos al blog como diario de consulta, resulta gratificante volver a sumergirse en el medio salino y evadirse por un instante en mitad de la vorágine técnica semanal. Así que ya va siendo hora de vencer esta abulia y publicar algo a pesar de que el contenido haya perdido aliciente debido al largo tiempo transcurrido. Me hago cargo.
La jornada a la que hago referencia a continuación data de mediados de abril del presente año. Nos dirigimos un nutrido grupo de pecadores hacia el oriente vizcaíno.
Una vez abajo en el roquedo nos distribuimos en dos grupos. Iker y Akeitza por un lado, Miguel, Alberto y yo por otro. Aunque clareaba, la mar estaba bonita con buen babero y ola seguida de superficie ayudada con aire del primer cuadrante.
Durante el primer tercio de jornada con poca agua, nos fue difícil dar con los espáridos y salió algún sargo suelto incluido el tablón de primera hora que sacó Akeitza.
Esperamos por tanto a que entrara agua para ver si los peces arrimaban cual felinos al olor de la sardina. Y así fue. Aunque de manera tímida se activaron y anduvimos de forma itinerante txoko tras txoko. Una vez más la pesca a pulso se convirtió en un buen aliado ya que andaban querenciosos y parecía cuestión de detalles.
Al subir la marea la mar se fue quedando y el golpe que había no era suficiente para hacer buen babero con más calado.
Y a pesar de que clareaba cada vez más, este precioso sargo, que cerró la jornada, no se resistió y tragó hasta el cuajo. Para decepción de los espectadores no hubo escapini para chincharme, ¡jeje!
Para las doce y poco recogimos y esta fue la pesca como digo, a base de buscarlos. Para cinco cañas no es para tirar cohetes pero Alberto estaba bien contento con el primer y último sargo de la jornada.
No me extiendo más compañeros. Espero ir poniendo poco a poco todo lo retrasado y a ver si este finde por fin ataco que tras saraos varios y la Feria de Arraintxori llevo 3 semanas a verlas venir. ¡Buena pesca!














