A finales del mes pasado, concretamente el día 27 de abril, Iker y Akeitza habían preparado una jornada doble de pesca de mañana y tarde, con un parón para comer. Para la ocasión elaboraron 4 baldes de macizo de sardina picada y una buena ración de gambas, como Iker dice, modelo carroñero, ¡je je!
Para la sesión matutina madrugaron para estar a las 7 sobre el pesquero. La marea era a las nueve menos cuarto y de 11,4 pies. El roquedo que eligieron en concreto, es un pedregal de poco calado y fondo de arena, con salientes o singueras, desde donde poder dominar un poco mejor el aparejo.
A este tipo de roquedos no está de más ir equipado de vadeador, para evitar quedarse cerrado por la subida de la marea, y de unas botas de fieltro con clavos de tungsteno, ya que en muchos pasos son necesarios para pasar zonas llenas de verdín.
El estado de mar que tenían era ola bastante frecuente y una intensidad de hasta 1,5 metros. En principio se hace muy laborioso pescar con la ola rompiendo desde tan lejos pero en las zonas con más calado, una vez que pasa la ola, la pesca se hace más cómoda.
Pues acertaron de pleno. Para media mañana ésta era la pesca conseguida por los dos gorriones. Pescaron de 7:00 a 11:00, pero fue de 8:00 a 10:00 cuando tuvieron el momento de más actividad con un sin fin de picadas y también con unos cuantos escapinis, ¡je je!


Una vez en casa, éstas son las imágenes para el archivo de estos dos gudaris sonrientes, y no era para menos. Como bien os podéis imaginar la jornada vespertina se quedó en una incursión de inspección a otra zona que le tenían ganas para pescar con la marea arriba, dado que la mañana había sido tan fructífera. Zorionak txapeldunak y esperamos nuevas jornadas de éstas...
En cuanto a nuestra cuadrilla se refiere, comentar que andamos de vacas flacas. Hemos entrado en una mala racha de pesca y no acertamos con los pesqueros. Aunque hemos evitado los bolos, en ocasiones rozando, las pescas se han reducido a unos pocos ejemplares de sargos, entre los cuales ha aparecido algún morlaco como el que sujeta Miguel.

Hemos hecho alguna excursión buscando otros aires por Natxitua, Deba, donde finalmente no calamos, o por Orio sin resultados positivos, incluso habiendo acertado de pleno con la mar. Y el resto de los días, hemos seguido testarudos por la zona cercana a casa, la que mejor conocemos, con la esperanza de que entrara ya algún pez por las fechas que estamos. Nada más lejos de nuestros intereses, pues el panorama es desolador, ya que ni siquiera peces menores se dejan ver o para colmo, ni los mubles arriman. Uno ya empieza a pensar en cosas raras o cenizos, ¡je je! Bueno compañeros, nosotros no desistimos porque aunque suene a tópico, el que no se consuela es porque no quiere, aunque claro está, mejor con la cesta aunque sea medio llena. ¡Saludos sufridores!